Sistema de gestión de la calidad por procesos

Roberto Fernández. Serie de consideraciones relativas al concepto de proyecto y su problemática actual tienen las nociones, comente los espacios de acción y desarrolle en qué sentido propone una definición de proyecto hoy.

El autor reconoce desplazamientos en las distintas dimensiones del proyecto del S.XXI, y pretende presentar algunas ideas o hipótesis sobre las perspectivas futuras de las “disciplinas proyectuales”. Proyecto quiere decir, arrojar hacia delante y anticiparse, imaginar una cosa o situación antes de que sea real o material, antes que quede construida. El proyecto es una representación icónica escalar de la cosa real. Se empieza a hablar de este en el Renacimiento, a partir del método perspectivo que permitía representar la cosa antes de hacerla. Antes no había esa posibilidad, la cosa quedaba oculta en la mente imaginativa del artista. Hoy existe otra representación, la digital computarizada, pero el autor estable que la forma esencial de producción del proyecto, es el dibujo y que es importante recuperar la idea del proyecto como un concepto histórico. A nivel cultural y social, la palabra proyecto no es patrimonio exclusivo de las disciplinas del diseño. Todos hacen proyectos, la gente, las instituciones, etc. Ya sea como anticipaciones o intenciones prefigurativas. De allí que el autor diferencia un concepto de proyecto como forma de organización de una actuación disciplinaria o técnica, el cual coincide con el inicio del capitalismo, es casi siempre el proyecto de una mercancía, o sea un producto de valor de cambio. Por el contrario, el otro, un concepto de proyecto como forma de organización de una actuación social, se dirige por lo general a una instancia con valor de uso, fuera del mercado, ej. Puente colgante. Uno de los hechos históricos recientes es que ambos proyectos en sus múltiples manifestaciones, se entrelazan cada vez más y una de las carácterísticas de ese entrelazamiento es el desarrollo de los procesos participativos, que redefinen el saber técnico con los saberes proyectuales sociales. El autor establece que hay que pensar el proyecto como algo no siempre estipulado por las condiciones del mercado. Así se da el primer desplazamiento que reconoce Fernández, que refiere al paso de una actuación disciplinaria a una que se entrelaza cada vez más con el proyecto social, involucrando a la sociedad y al estado. El siguiente desplazamiento propuesto es el del paso de proyecto de productos al proyecto de servicios. Algunos autores sostienen que el mundo global ha ingresado en una fase posindustrial. El eje de una economía basada en la generación industrial de productos ha caído y surge un peso creciente de los bienes inmateriales o servicios.


En algunas disciplinas, como las del diseño, se debe capacitar a personas para diseñar servicios, no tanto productos. Ejemplo: mantenimiento de edificios, reciclaje o adaptación de instalaciones. La aparición del paradigma de la incertidumbre plantea otro desplazamiento, ya que pone en crisis los modelos cerrados que empiezan a ser costosos, lentos y poco adaptables a las variaciones vertiginosas de las decisiones del mercado y de los cambios de las expectativas de consumo. Además, todo el mercado se empieza a comportar favoreciendo la adaptación antes que la generación de nuevos objetos y productos. El auge de la flexibilidad de prestaciones ha generado la eliminación de artefactos duros y complejos, además, tal flexibilidad permite un continuo armar y desarmar, instalarse y desinstalarse, lo que establece esa situación de incertidumbre y equivale a desactivar lo que llamaríamos en capital fijo. Otro desplazamiento desarrollado por el autor es el paso de la racionalidad occidental a una racionalidad global y de mercado. La primera siempre era un componente útil para obtener racionalmente, una mejor calidad de vida. Ahora esta idea está en crisis, debido al surgimiento de una racionalidad global y de mercado, la cual desperdicia cualquier compromiso ligado a las racionalidades anteriores. La racionalidad global de mercado dice que todo plan es malo, que no conviene tener ningún plan y dejar todo librado al comportamiento del mercado. A partir del descrédito del concepto de proyecto como instrumento de racionalidad social en el presente, aparecen otras dimensiones que sustituyen el momento técnico del proyecto. Estas dimensiones son la: toma de decisión, la gestión y la producción.
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La toma de decisión depende ahorade hechos económicos o políticos y/o a un hecho económicofinanciero. Este tipo de acciones se liga a los objetivos propios de la racionalidad global de mercado, se trata de eventos de tipo egoísta, oportunista y sectorial.
2- La gestión ya no es planificación (que era la puesta en marcha de un plan) sino el proceso socialmente complejo de instrumentación de acciones, posteriormente a la toma de decisiones. Implica conflicto de intereses, identificación de alianzas y contradicciones, estrategias diversas para conseguir objetivos.
3- Producción, como momento pos-proyectual, es la generación concreta de bienes y servicios. Tradicionalmente para los diseñadores, era la fase que reproducía las instrucciones contenida en los proyectos y se vinculaba a una determinada lógica productiva, más bien de tipo tecnológico. Ahora hay autonomía de los expertos de producción, estos obedecen ciegamente a las demandas del mercado y hay cada vez menos proyectos singulares y más decisiones proyectuales globales monopólicas.