Estrategias de zonificación territorial en la cuenca del Río Eslava mediante áreas ecológicamente sensibles

Zonificación territorial de la cuenca del Río Eslava, D. F., a partir de la identificación de áreas ecológicamente sensibles

Marta Magdalena Chávez Cortés1 y Liliana García Calva

Resumen. La cuenca del Río Eslava es una importante proveedora de servicios ecosistémicos para la Ciudad de México. Al mismo tiempo, es altamente vulnerable al crecimiento urbano. De aquí la importancia de mejorar la planeación del uso de su territorio. Con este fin, se presenta una propuesta de zonificación territorial elaborada con un enfoque de riesgo ecológico, entendido como el producto de la interacción entre las dimensiones de vulnerabilidad del área de estudio y la acción de un peligro. La vulnerabilidad se modeló delimitando las Áreas Ecológicamente Sensibles (AES) en términos de susceptibilidad a la erosión, el valor hidrológico y el valor de hábitat. El peligro con el cual se confrontaron estas AES fue el crecimiento potencial de los asentamientos humanos. A partir de este diagnóstico, se regionalizó la cuenca con base en las políticas de protección, restauración, preservación y aprovechamiento sustentable de recursos naturales y ecosistemas.

Palabras clave: Zonificación territorial, Áreas ecológicamente sensibles, Vulnerabilidad, Riesgo ecológico, Cuencas.

1 Laboratorio de Sistemas de Información Geográfica Aplicados a la Planeación Ambiental, Departamento El Hombre y su Ambiente, e-mail: ccmm1320@correo.xoc.uam.mx

Recibido el 30 de abril de 2011. Aceptado el 19 de julio de 2011.


Abstract. The Eslava River watershed is an important provider of ecosystem services for Mexico City. At the same time, it is highly vulnerable to urban growth. Consequently, it is important to improve planning of its territorial use. Towards this goal, a zonification proposal is presented built from a perspective of ecological risk, understood as the interaction between the vulnerability dimensions of the area of study and the action of a hazard. Vulnerability was modeled by delimitating Ecologically Sensitive Areas (ESA) in terms of their susceptibility to erosion and their hydrological and habitat values. The hazard against which the ESA were confronted was the potential growth of human settlements. Starting from this diagnostic, the watershed was regionalized based on the current policies of protection, restoration, conservation and sustainable use of natural resources and ecosystems.

Keywords: Territorial zonification, Ecologically sensitive areas, Vulnerability, Ecological risk, Watersheds.

INTRODUCCIÓN

El Cambio Climático (CC) es una de las consecuencias más preocupantes de la actividad humana sobre la naturaleza, la cual está poniendo en serio riesgo el ambiente, la economía y el bienestar de la humanidad. En la gestación de este problema, es sabido que, además del uso de combustibles fósiles en la generación de energía y transporte, el cambio de uso de suelo es una de las principales causas del incremento de las concentraciones de CO2 en la atmósfera y, por ello, hay que planificarlo adecuadamente (Moreno y Urbina, 2008).

Ahora bien, independientemente de que a lo largo de la historia humana se han presentado retos por cambios en las condiciones ambientales, y las sociedades humanas en general se han adaptado para enfrentar los efectos del CC, será necesario desarrollar capacidades preventivas y de respuesta ante los posibles impactos adversos. De aquí que la adaptación social y ecológica al CC se esté volviendo un reto prioritario a nivel mundial en las políticas de ordenamiento territorial (Millennium Ecosystems Assessment, 2005). En este sentido, se puede decir que las capacidades adaptativas de los ecosistemas para hacer frente al CC mejoran con la capacidad de manejo de la resiliencia. Es decir, con la resistencia que presenten frente a una situación de estrés y con su capacidad de regeneración después de una perturbación (Walker et al., 2004). Bajo esta misma perspectiva, la noción de vulnerabilidad/sensibilidad de un ecosistema se configura como un factor importante, pues permite identificar oportunidades de prevención, reducción, tratamiento y adaptación ante los efectos del CC (Miller et al., 2010).

En el contexto nacional, dichas condiciones de vulnerabilidad y de capacidad adaptativa de los ecosistemas adquieren una importancia cada vez más creciente, ya que las condiciones previstas para nuestro país durante el presente siglo son de un aumento en la aridez (Giorgi y Bi, 2005). Esto debido a un decremento en las precipitaciones de hasta 6% en los próximos años, y a un incremento en las temperaturas de superficie de hasta 5°C para la última década del siglo (Martínez et al., 2010). Fenómenos que llevarían a un aumento del estrés en los ecosistemas y a una disminución de los servicios que estos proveen —particularmente los de producción y de regulación hidrológica—, con lo cual se minaría la capacidad de adaptación de la sociedad ante la variación climática (Moreno y Urbina, 2008).

En el contexto local y como ecosistemas que son, las cuencas del Río Eslava y del Río Magdalena no son ajenas a esta situación de estrés, pues están sujetas a una fuerte presión de cambio de uso de suelo forestal a urbano. Prueba de ello es el 29% de aumento del territorio urbano de la delegación Magdalena Contreras en un periodo de sólo 40 años (1960-2000) (INEGI, 2000, en Fernández et al., 2002). En este proceso ha sido clave la urbanización de zonas ribereñas y de recarga de acuíferos, pues han dado lugar a varios de los problemas más significativos en la gestión de los servicios hidrológicos: erosión, sedimentación, contaminación y disminución en la captación de agua (Priyantha et al., 2006). De seguir esta tendencia se pondría en riesgo la capacidad de estos ecosistemas para poder reorganizarse y alcanzar un nuevo estado de equilibrio estable (Walker et al., 2004). Situación que llevaría implícita una reducción en su capacidad para proveer de bienes y servicios tanto a la comunidad que vive dentro de la cuenca, como a los habitantes del D. F. Por ejemplo, por cada hectárea de bosque de Pinus hartwegii y de Abies religiosa que se perdieran en la cuenca, se estaría desaprovechando la oportunidad de almacenar un total de 102 tC, mismas que se liberarían hacia la atmósfera (Almeida et al., 2007). O bien, ante la deforestación, se estaría atentando contra la posibilidad de captar el millón de m3/año de agua de escurrimiento que actualmente se da en la cuenca (Vargas, 2008, en SMADF, 2008). Amén de la disminución del fenómeno de la evapotranspiración —el cual influye en la regulación del microclima (Borman y Likens, 1979)—, y de las oportunidades de esparcimiento que actualmente provee el Parque Ejidal de San Nicolás Totolapan.

Dada la importancia de esta cuenca y su vulnerabilidad al crecimiento urbano, es indispensable realizar estudios que mejoren la planeación de estrategias dirigidas a mejorar su resiliencia. Una modalidad de esos estudios es la que tiene que ver con el ordenamiento del territorio en el marco de la sustentabilidad ambiental. Esta visión implica promover una filosofía de gestión en donde se reconozca que, tan valiosas son las oportunidades para el desarrollo humano, como la preservación de los ecosistemas y sus servicios ambientales, pues éstos constituyen el soporte de vida de las localidades y regiones (Chávez et al., 2010; Recalde y Zapata, 2007; van Lier, 1998).

Una forma de hacer operativa esta visión es el empleo del concepto de Áreas Ecológicamente Sensibles (AES) en la zonificación que demanda el ordenamiento ecológico del territorio (Chávez, 2004; Chávez et al., 2010). En esta zonificación la delineación de entidades geográficas vinculadas a información espacial apropiada se vuelve indispensable, ya que esto coadyuva a reducir la abstracción de las buenas intenciones y discursos, a focalizar las acciones, a establecer esquemas de reglamentación y a mejorar los procesos de evaluación (García, 2010).

La zonificación implica desarrollar un procedimiento de desagregación espacial, cuyo alcance dependerá del nivel de detalle demandado por los objetivos de la ordenación (Sánchez, 1991). Para llevar a cabo esta desagregación espacial se han empleado varias aproximaciones (Campos et al., 2010; Baja et al., 2002) aunque, en general, se ha dado preferencia al enfoque de las características biofísicas que dan cuenta de la vocación y uso potencial del suelo. En contraste, el concepto de AES responde a la identificación de aquellas zonas del territorio que cuentan con un valor relevante, por distintas razones: debido a sus características intrínsecas, por el papel que tienen en la persistencia de funciones ecológicas, por sus rasgos escénicos y culturales, porque brindan oportunidades para el desarrollo de proyectos de aprovechamiento sustentable, o porque están sujetas a algún tipo de riesgo por la presencia de un peligro natural o antrópico (Ndubisi et al., 1995, en Chávez, 2004). Desde la perspectiva de la regionalización de un territorio, identificar las áreas sensibles significa ubicar aquellas zonas que se caracterizan, tanto por su relevancia como por su susceptibilidad a modificar, en el corto plazo, los atributos (biogeofísicos, socioeconómicos y culturales) que lo hacen auténtico (Chávez et al., 2010).

El concepto de AES ha sido empleado siempre en el contexto de la preocupación por la conservación de la naturaleza. Aspecto que se basa en el valor de estas áreas en términos de sus beneficios materiales e inmateriales para el ser humano (Eagles, 1984, en García, 2010). Sin embargo, es importante establecer aquí que no existe consenso sobre el contenido material o soporte técnico de una AES, ya que existen diversas concepciones dependiendo de la orientación y contexto del estudio: disponibilidad de datos, tipo de proyecto en que se empleen, y de la experiencia que cada planificador ha obtenido en este campo de estudio (Chávez, 2004). Es así que, para los países europeos, quienes en general consideran criterios de riesgo, las AES son aquellas cuyos valores naturales, culturales y geográficos son susceptibles a factores de deterioro (Miklós, 1996, en Chávez, 2004). En contraste, la escuela canadiense sigue dos aproximaciones: la de carácter público que se sustenta en criterios para el cuidado de la biodiversidad, y la de carácter privado que utiliza el criterio de disturbio. En el caso de Austria, el reconocimiento de AES se hace a partir de tres criterios: valor, fragilidad y potencial para el desarrollo sustentable (BMLFUW, circa 2000). Esta última es la aproximación utilizada en este trabajo.

Usando este marco de referencia, el objetivo de esta investigación es hacer una propuesta de zonificación territorial de la cuenca del Río Eslava que mejore su resiliencia. Es decir, que promueva el mantenimiento de la estructura del ecosistema, así como de sus funciones de regulación, formación de hábitat, producción e información (De Groot et al., 2002). Se cree que esta perspectiva proveerá resultados positivos en la tarea de preservar los sistemas naturales. Por otro lado, se pretende que este trabajo se sume a los pocos estudios de caso que existen en México donde se incorpore la noción de vulnerabilidad/sensibilidad ecológica al ordenamiento territorial.

DESCRIPCIÓN DEL ÁREA, MÉTODOS Y TÉCNICAS

El estudio fue realizado en la cuenca del Río Eslava, la cual se localiza en la provincia fisiográfica de la Faja Volcánica Transmexicana, al sur de la Ciudad de México, en la región donde se unen las sierras de Las Cruces, el Ajusco y Chichinautzin. Sus coordenadas geográficas extremas son: 19º15’10 y 19º17’30’’ latitud Norte y 99º16’40.6’’ y 99º15’18’’ longitud Este. Comprende las delegaciones Magdalena Contreras (85%) y Tlalpan (15%) del D. F., y colinda al NW con la cuenca Río Magdalena, y al S con el Estado de México. Abarca un total de 24.024 km2, clasificándose como una cuenca pequeña de acuerdo a Campos-Aranda (1987). Presenta un valor de elongación de 0.62, lo cual habla de los fuertes relieves y pendientes pronunciadas del terreno dentro de esta cuenca. La máxima altura, ubicada en la cabecera de la cuenca, es de 3,730 msnm, mientras que la mínima es de 2,500 msnm (Vargas, 2008, en SMADF, 2008). Los suelos son de origen volcánico (Andosoles, Phaeozem y Leptosoles) susceptibles a la erosión hídrica (Vela et al., 2008, en SMADF, 2008). El clima que predomina en la zona se ha clasificado de templado semifrío con lluvias en verano, con temperatura media de 23.4°C y fluctuaciones de 6.6°C a 20.2°C. La precipitación en la cuenca registra un gradiente que va de los 700 mm anuales en la zona baja a 1,174 mm en la parte alta, y se estima que el escurrimiento base es de aproximadamente 1 mm3/año (Vargas, 2008, en SMADF, 2008).

En el área de estudio se distinguen cinco comunidades vegetales que ocupan el 70% de la cuenca: la comunidad de Pinus hartwegii, la de Abies religiosa, la de bosque de Pinus spp., la de bosque de Quercus spp., y la de bosque mixto. El restante 30% de la superficie la ocupan los pastizales inducidos, las áreas agrícolas y la zona urbana (Roldán et al., 2008, en SMADF, 2008).

En esta cuenca se desarrollan actividades agrícolas, pecuarias, de transformación de los productos agrícolas y/o pecuarios, así como actividades en contacto con la naturaleza. La cuenca del Río Eslava otorga una serie de bienes y servicios ambientales a la ciudad, entre los que destacan:

  • Provisión de agua: aporta el 2.5% del abastecimiento del agua superficial de la Ciudad de México.
  • Biodiversidad: existen diversos taxones restringidos a esta cuenca que se encuentran en alguna categoría de riesgo (Roldán et al. y Peña, 2008, en SMADF, 2008).
  • Captación de carbono: alberga comunidades vegetales como los bosques de Abies religiosa y Pinus hartwegii, los cuales pueden almacenar en promedio 58 tC/ha y 44 tC/ha, respectivamente (Almeida et al., 2007).
  • Recreación: el parque San Nicolás Totolapan está inmerso en esta cuenca.

Metodológicamente, esta investigación descansó en un enfoque geográfico de riesgo y en el análisis espacial asistido por tecnología SIG. El enfoque de riesgo utilizado se define como el producto de la interacción entre las dimensiones de la vulnerabilidad del área de estudio y la acción de un peligro (Hewitt, 1977). Esto es:

R = f(V,P) = V x P (1)

Donde:

  • R: riesgo ecológico de la cuenca
  • V: vulnerabilidad ecológica de la cuenca
  • P: peligro al que se enfrenta la zona de estudio

Para modelar la vulnerabilidad se acudió a la delimitación de Áreas Ecológicamente Sensibles (AES) siguiendo la propuesta del Federal Ministry of Environment, Youth and Family Affairs, el cual establece tres criterios generales para identificarlas: valor, fragilidad o riesgo y potencial para el desarrollo sustentable (BMLFUW, circa 2000). En este trabajo solamente se utilizaron los dos primeros criterios, ya que el foco de atención se enmarca en la noción de sustentabilidad ambiental como prerrequisito para el desarrollo sustentable.

El criterio de valor fue utilizado para modelar AES que son importantes para planear el mantenimiento a largo plazo, tanto de la disponibilidad de agua como de la diversidad biológica. De aquí que se incluyeran en esta categoría dos tipos de AES: áreas con valor de hábitat y áreas con valor hidrológico (recarga de acuíferos). Las áreas con valor de hábitat se identificaron utilizando tres métricas del paisaje: tamaño de parche, área interna y conectividad (McGarigal y Barbara, 1995). Por su parte, las áreas con valor hidrológico se tomaron de un análisis de la permeabilidad en la cuenca, elaborado previamente por Vargas (2008, en SMADF, 2008). En lo que respecta a la dimensión de fragilidad, ésta se utilizó para identificar áreas con susceptibilidad a la erosión, por ser ésta la fuerza desestabilizadora más importante dentro de un ecosistema (Borman y Likens, 1979). Esta susceptibilidad se modeló siguiendo el algoritmo de van Zuidam (1985), el cual considera la acción conjunta de la pendiente, del tipo de cobertura y la densidad de drenaje sobre este fenómeno.

La suma aritmética de los valores de estas tres AES definieron la vulnerabilidad ecológica de la cuenca, bajo la premisa de que los tres aspectos tienen el mismo peso relativo.

El peligro con el cual se confrontaron las AES fue el crecimiento potencial del área urbana, ya que es la principal fuerza conductora de la modificación del paisaje/territorio en el área de estudio. El peligro se modeló siguiendo la propuesta de superficies de costo de Eastman (1999), donde la magnitud del peligro es medida como el menor costo (en términos de esfuerzo, gasto, etc.) en moverse sobre una superficie de fricción. Los costos se determinan de manera radial con respecto a una fuente de origen hacia los bordes del área de estudio. Para modelarlo se tomó como variable de fricción la pendiente del terreno y se usó como fuente de origen a las superficies urbanas actuales dentro de la cuenca.

Para zonificar el área de estudio se partió de los mapas de AES y se aplicó el juicio de expertos apoyado tanto en los objetivos del ordenamiento, como en los lineamientos de las políticas de gestión territorial descritas en la LGEEPA.

Finalmente, partiendo de los mapas de vulnerabilidad y de peligro, se modeló el riesgo ecológico de la cuenca aplicando la ecuación 1, a través de una operación de álgebra de mapas. En este punto, el mapa de riesgo ecológico se clasificó con categorías cualitativas, y se calculó la proporción acumulada de la superficie de las subcuencas ocupada por las categorías: muy alto y alto. La ordenación descendente de estas proporciones permitió definir la criticidad de las subcuencas y, de ahí, su prioridad de atención de acuerdo a las políticas de ordenamiento previamente definidas en la zonificación.

Es importante hacer notar aquí que, a excepción del mapa de cobertura y uso de suelo, las capas de información utilizadas fueron de naturaleza cuantitativa, por lo cual sus valores se estandarizaron entre 0 y 1 para facilitar el manejo numérico durante el proceso de análisis espacial. Asimismo, es necesario señalar que se decidió representar la distribución espacial de las variables en términos cualitativos para facilitar su comunicación. Pero, tanto el número de categorías utilizadas, como los límites de corte entre valores numéricos para definirlas, se decidieron con base en la aplicación de las Leyes de Miller y de Weber-Fechner (1889).

Figura 1. Modelo cartográfico para la elaboración de la zonificación territorial

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Cuadro de texto: Fotografías aéreas

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El diagrama de flujo que resume este proceso de análisis espacial se muestra en la figura 1. Asimismo, las fuentes de información que alimentaron el modelo de riesgo y su temporalidad se listan a continuación:

  • Topografía digital de la zona elaborada por INEGI (2008a).
  • Hidrología digital de la zona elaborada por INEGI (2008b).
  • Límites de la cuenca y subcuencas elaborados por Vargas (2008, en SMADF, 2008), quien utilizó los criterios hidrológico y geomorfológico propuestos por Tapia-Varela y López-Blanco (2001) para su identificación.
  • Mapa de cobertura y uso de suelos en la cuenca elaborado por Roldán (2008 en SMADF, 2008) a partir del análisis digital de una imagen QuickBird del 2005, e interpretación visual de fotografías aéreas del 2008.
  • Estudio de permeabilidad de la cuenca elaborado por Vargas (2008, en SMADF, 2008).
  • Datos de campo tomados del estudio: Plan Maestro de Manejo Integral y Aprovechamiento Sustentable de la Cuenca del Río Eslava (SMADF-UAM-X, 2008), elaborado por el grupo de investigación al que pertenecen las autoras.

RESULTADOS

La aplicación del enfoque de riesgo al caso de estudio se resume en los mapas mostrados en las figuras 2 a 8. Los primeros cuatro mapas describen la distribución espacial de las categorías de análisis, así como su estado, lo cual permitió responder las preguntas básicas del diagnóstico que toda zonificación requiere: ¿qué hay?, ¿dónde hay?, ¿cómo se encuentra? Por su parte, el mapa 6 constituye la representación espacial de la propuesta de zonificación, la cual se sustentó en el diagnóstico previo. Asimismo, los mapas 7 y 8 ayudaron a determinar la prioridad de atención territorial. Los principales resultados obtenidos durante este proceso se exponen a continuación, siguiendo la lógica interna de la ecuación de riesgo, así como el orden en que se emplearon las capas de información para lograr el objetivo.

Áreas ecológicamente sensibles por su valor hidrológico

Dentro de la cuenca del Río Eslava las áreas con distinto potencial de recarga de acuíferos se distribuyen como se muestra en la figura 2 y contemplan tres categorías, a saber: muy alto, medio y bajo, las cuales se describen en seguida.

Muy alto. Las áreas de muy alta recarga se distribuyen a lo largo del centro de la cuenca, ocupando una superficie de 999.84 ha o bien, 41.46% del total de la superficie de la cuenca. En la parte media y alta de la cuenca se encuentra la mayor parte de estas zonas (838.35 ha), las cuales afortunadamente están bien protegidas por los bosques de Abies religiosa y de pino, situación que sería deseable mantener. No obstante, es importante hacer notar que el 16% de la superficie de esta categoría (161.49 ha) se encuentra ya ocupada por el uso urbano, lo cual alerta sobre la necesidad de prevenir el avance sobre estas zonas con una política de gestión territorial que compita económicamente con el valor del suelo urbano. Sobre todo considerando que estas áreas colindan de momento con un uso de suelo agrícola.


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Figura 2. AES por valor hidrológico

Media. De las 513 ha que ocupa esta categoría, el 32% (164.16 ha) se encuentra en bosque de Abies religiosa y el 39% (200.07 ha) está distribuida principalmente en los bosques de Pinus teocote-montezumae y Pinus-Quercus. Sin embargo, un importante porcentaje, 29% (148.77 ha), se encuentra en áreas donde el avance y los impactos del crecimiento urbano son inminentes. Esta situación es preocupante, ya que la impermeabilización del suelo, causada por la urbanización, afecta el llamado efecto esponja de los suelos, interrumpiendo con ello la captación natural del agua y la recarga de los mantos acuíferos, al mismo tiempo que favorece el aumento de los ciclos de inundaciones. Amén de que estas zonas están muy cercanas al cauce del río y la urbanización contribuye a su contaminación por basura y aguas negras. En consecuencia, estas áreas precisan de una política de gestión que permita, al menos, enmendar el ecosistema.

Baja. De las 898 ha que se encuentran dentro de esta categoría, 523 ha se encuentran en el bosque de Abies religiosa (58%), 95.39 ha (10%) en suelo de agricultura, y las hectáreas restantes se encuentran distribuidas en los bosques de Quercus y Pinus y pastizales. En general, son poco sensibles desde este punto de vista.

Áreas ecológicamente sensibles por su valor de hábitat

Las AES por valor de hábitat en la cuenca del Río Eslava se distribuyen espacialmente como se muestra en la figura 3 y de acuerdo a cada una de las siguientes categorías: muy alto, marginal o medio y bajo. Estas categorías se discuten a continuación.

Figura 3. AES por su valor de hábitat

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Muy alto. Dentro de la cuenca del Río Eslava las áreas con muy alto valor de hábitat ocupan el 48.87% de la superficie de la cuenca, lo que equivale a 1178.46 ha. Si bien, esta categoría se distribuye sólo en tres parches, éstos son los que poseen una mayor área interna, son los más extensos y mejor conectados entre sí. Esto los hace valiosos ya que favorecen en general la calidad de hábitat para las especies que viven ahí, pero particularmente para las especies que presentan estrategias de tipo K, pues requieren de hábitats homogéneos y con una extensión considerable (Fontúbel, 2004). Tal es el caso de los mamíferos y aves que habitan en la zona de estudio, como por ejemplo la ardilla de Peter (Sciurus oculatus Peters), la musaraña orejillas mínima (Cryptotis parva soricina Merriam), el búho cornudo (Bubo virginianus mayensis) y el reyezuelo de rojo de Guadalupe (Regulus calendula obscurus), los cuales además de ser especies endémicas, pertenecen a alguna de las categorías de la NOM-059-SEMARNAT-2010 (Peña, 2008, en SMADF, 2008).

Fundamentalmente, estos parches de vegetación se encuentran en la parte alta de la cuenca en el bosque de Abies religiosa, cuya riqueza florística está integrada por 28 familias, 52 géneros y 65 especies (Roldán et al., 2008, en SMADF, 2008). Esta riqueza florística, así como la variación climática promovida por el rango de pendientes donde se distribuye (3 al 70% para esta cuenca), le confieren a estos parches un alto potencial para el mantenimiento de diversas especies de fauna (Schwartz et al., 2000).

Otras 124 ha de este tipo de parche con muy alto valor de hábitat se encuentran en la parte baja de la cuenca, y corresponde a una zona agrícola. Estos parches son importantes, ya que es sabido que este tipo de cobertura de suelo enriquece la matriz del paisaje, favoreciendo con ello el mantenimiento a largo plazo de la fauna, ya que permite el movimiento de las especies. Asimismo, en estos sitios se pueden encontrar recursos valiosos para las especies como agua, alimento y lugares de descanso (Schwartz et al., 2000). De aquí la importancia de considerar una política de gestión territorial que favorezca su preservación.

Medio o marginal. Esta categoría ocupa el 36.85% (888.62 ha) de la superficie de la cuenca y se concentra principalmente en la parte media. Esta clase está compuesta por 79 parches de vegetación que, a pesar de que el análisis de fragmentación y área interna demostró que están altamente fragmentados y poseen un alto efecto de borde, pertenecen a sitios boscosos. Por lo tanto, son sitios que aunque puedan ser reducidos en tamaño, pueden albergar una alta diversidad de especies por unidad de área (Saunders et al., 1991). Por ello, es importante impulsar una política de gestión que permita recuperarlos.

Bajo. Las áreas clasificadas como de bajo valor de hábitat corresponden principalmente a zonas en donde la vegetación natural se ha eliminado, producto del establecimiento de zonas urbanas; esto modifica la composición florística, pues se favorecen especies ruderales y zonas con claros con suelo desnudo. En total son 44 parches que ocupan una superficie aproximada de 344.37 ha, equivalentes al 14% del área de la cuenca. Si bien buena parte de estas áreas corresponden a uso de suelo urbano, es importante tener en mente que no son áreas aisladas y que ejercen fuerte presión sobre la vegetación que las rodea. Por lo tanto, es importante vigilar y controlar su expansión a través de políticas de gestión del territorio que busquen la integración de los asentamientos humanos al paisaje con el mínimo impacto posible. Por ejemplo, fomentando prácticas de reforestación con base en una paleta de vegetación compuesta por especies nativas, y que sean atractivas para la fauna silvestre, especialmente aves.

Áreas ecológicamente sensibles por susceptibilidad a la erosión

Siguiendo los lineamientos de van Zuidam (1985), se identificaron cuatro categorías de las AES por susceptibilidad a la erosión: muy alta, alta, media y baja, las cuales se describen a continuación y se muestran en la figura 4.

Muy alta. Son las áreas que se localizan en las zonas de suelo urbano y ocupan alrededor de 343 ha, equivalentes al 14.23% de la superficie de la cuenca. Son catalogadas así debido a su alta impermeabilidad, la cual favorece de manera más sustantiva la escorrentía superficial. La zona urbana de la región está en constante crecimiento, por lo que resulta de gran importancia que estas áreas se manejen bajo una política de gestión territorial que, por un lado, controle el régimen de perturbación que da lugar a la expansión de superficies impermeables —sobre todo hacia el área de recarga de la cuenca—, y por el otro, que proteja los cuerpos de agua superficiales de los efectos de la urbanización.

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Figura 4. AES por su susceptibilidad a la erosión

Alta y Media. En su gran mayoría estas zonas se mezclan espacialmente y se ubican principalmente en la parte media y alta de la cuenca. Ambas categorías se distribuyen en 630 parches, de los cuales 309 pertenecen a la clase de alta susceptibilidad y 321 a la clase de media susceptibilidad a la erosión. Estos sitios ocupan aproximadamente 1,410 ha, lo que equivale al 51% de la superficie de la cuenca. Son terrenos escarpados que carecen de cobertura vegetal y que además registran una alta densidad de drenaje. En conjunto, estas características favorecen tanto la desagregación como la inestabilidad de los suelos. De aquí que se requiera orientar estas zonas hacia una política de ordenamiento que permita recuperar la cubierta vegetal en estas áreas con el fin de prevenir la falta de retención de humedad en los suelos, así como la pérdida de suelos por efectos de la gravedad (Borman y Likens, 1979).

Baja. Las áreas de baja susceptibilidad a la erosión ocupan 657 ha dentro de la zona de estudio. Se concentran principalmente en la cuenca media. En estas zonas se encuentran terrenos con pendientes que van de plana a moderadamente inclinada. La vegetación predominante en la cuenca media es de bosque de Abies religiosa. La mayor parte de esta zona también presenta una baja densidad de drenaje, lo que permite inferir que el sustrato es relativamente permeable, reduciéndose de esta manera la escorrentía horizontal.

La baja susceptibilidad a la erosión de esta zona se explica también por el sistema forestal no perturbado que la cubre. Esta cubierta provee una capa permanente de mantillo que protege al suelo de la erosividad de la lluvia y del escurrimiento, dando mayor eficiencia al control de la erosión (Omoro y Nair, 1993). De aquí la importancia de mantener esta configuración de la cubierta vegetal en la zona, a través de una estrategia defensiva de planeación que permita conservar estas zonas en la misma categoría de susceptibilidad.

Vulnerabilidad ecológica de la cuenca

Los valores de la modelación espacial de la vulnerabilidad de la cuenca más altos se observan a lo largo de toda superficie de la cuenca, y esencialmente coinciden con el patrón de las áreas con mayor valor hidrológico (Figura 5). Así, las áreas más vulnerables se encuentran en las zonas con alto potencial de recarga de agua, pero que coinciden con altos valores de hábitat y muy alta susceptibilidad a la erosión.

Tabla 1. Distribución porcentual del nivel de vulnerabilidad en la cuenca del Río Eslava

Nivel de vulnerabilidad

Superficie (ha)

Proporción con respecto al área total (%)

Número de polígonos

Bajo

284.98

11.88

45

Medio

940.21

39.20

34

Alto

954.36

39.79

29

Muy alto

219.12

9.14

36

Se puede observar que aproximadamente el 48% de la cuenca es altamente susceptible ante una perturbación, por lo que los cambios que llegara a experimentar, aunque pudieran ser reversibles, requerirían de mucho tiempo y recursos para revertirlos. En contraste, sólo 284.98 ha que corresponden al 11.8% de la cuenca presentan un nivel de vulnerabilidad bajo, lo que significa que la perturbación externa no cambiaría significativamente el estado actual del sistema en esa zona. La zona con muy alta vulnerabilidad corresponde a sitios donde se encuentran altos valores de hábitat, muy alta susceptibilidad a la erosión y muy alto valor para la recarga de agua.

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Figura 5. Vulnerabilidad ecológica en la cuenca del Río Eslava

El hecho de que aproximadamente el 50% de la cuenca se encuentre en un nivel de vulnerabilidad alto y muy alto denota que, al decidir el destino del uso del suelo, están en juego recursos vitales para el buen funcionamiento del ecosistema. También indica que se han presentado fenómenos de impacto severos que son determinantes en las propuestas de ordenamiento, cuya persistencia se debe controlar para poder conservar la integridad de la cuenca. Es este el caso del crecimiento urbano a costa de la cubierta forestal de la cuenca.

Zonificación general

Para definir el destino del territorio de la cuenca se retoman las políticas mencionadas en la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente (LGEEPA). De acuerdo con esta ley, en las zonas y unidades de ordenación y manejo pueden implantarse distintos usos de suelo y distintas políticas de gestión. Se eligió el siguiente conjunto de políticas por considerarlas las más adecuadas desde el punto de vista operativo:

  • Protección: Orientada a mejorar el ambiente y controlar su deterioro. Busca asegurar el equilibrio y la continuidad de los procesos evolutivos y ecológicos, salvaguardando la diversidad genética de las especies silvestres, principalmente las endémicas o amenazadas.
  • Preservación: Propósito de mantener las condiciones que propicien la evolución y continuidad de los ecosistemas y hábitats naturales, conservando poblaciones viables de especies.
  • Aprovechamiento sustentable de los recursos naturales: Utilización de los recursos respetando la integridad funcional y las capacidades de carga de los ecosistemas por periodos indefinidos.
  • Aprovechamiento sustentable de los ecosistemas: Conducir las actividades hacia el desarrollo sustentable, creando condiciones para la conservación a largo plazo.
  • Restauración: Recuperación y restablecimiento de las condiciones que propician la evolución y continuidad de los procesos naturales en áreas severamente alteradas.

Tomando como base los mapas de las AES y vulnerabilidad, se elaboró la zonificación de la cuenca (Tabla 2 y Figura 6).

Tabla 2. Superficie y distribución porcentual de las políticas de gestión del territorio

Política de gestión territorial

Superficie (ha)

Superficie (%)

Preservación

703.57

29.09

Protección-Restauración

651.37

26.94

Aprovechamiento sustentable de los recursos

552.76

22.86

Aprovechamiento sustentable de los ecosistemas

243.51

10.07

Urbano

266.53

11.02


Figura 6. Zonificación de la cuenca del Río Eslava con base en políticas de gestión ambiental

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Zona urbana: Incluye áreas con infraestructura y servicios (11.02%). El problema prioritario es la contaminación del agua en el cauce del Río Eslava. Es necesario separar aguas pluviales de residuales y fomentar su reuso.

Zona de protección: Propone cuidar áreas que mantienen valores de cobertura vegetal considerables, con alto valor de hábitat y recarga. Incluye la franja de 100 m que bordea ambos lados del Río Eslava para mantener la eficiencia hidráulica y prevenir inundaciones.

Zona de preservación: Incluye AES con alto valor de hábitat y bajo riesgo de ser pobladas. Se ubica principalmente en el bosque de Abies religiosa de la parte media-alta. También incluye la región noroeste donde existen especímenes de Furcraea beddinghausii, especie amenazada y endémica.

Zona de aprovechamiento sustentable de los recursos naturales: Áreas con baja susceptibilidad a la erosión y bajo valor de recarga que podrían integrarse a programas de pago por servicios ambientales o manejo forestal no maderable.

Zona de aprovechamiento sustentable de los ecosistemas: Designada para áreas con uso agrícola actual, promoviendo prácticas de baja intensidad, agroforestería y sistemas silvopastoriles para controlar la erosión.

El crecimiento urbano potencial

Como lo ilustra la figura 7, las áreas con mayor peligro urbano se distribuyen primordialmente en la parte media y baja de la cuenca cercanas al principal núcleo de población (Ciudad de México), donde las pendientes son moderadas. Un buen porcentaje de la expansión urbana potencial se extiende sobre áreas con baja densidad de drenaje, invadiendo zonas con potencial de recarga de acuíferos, lo cual es crítico para la disponibilidad de agua.

Figura 7. Crecimiento urbano potencial

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El riesgo ecológico en la cuenca

De la evaluación del índice de riesgo se registran 1,101 ha de la cuenca entre las categorías de riesgo muy alto y alto (Figura 8). Esto representa cerca del 45% de la superficie del territorio, lo cual habla de la fragilidad de la cuenca. Escalando el riesgo a nivel de subcuenca (Tabla 3), las subcuencas Atzoma, Xocotitla y Eslava son las que presentan un mayor riesgo ecológico ante la urbanización potencial.

Figura 8. Riesgo Ecológico

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Tabla 3. Nivel de criticidad de las subcuencas en función del riesgo ecológico

Nombre de la subcuenca

% Superficie riesgo muy alto

% Superficie riesgo alto

% Acumulado (Muy alto + Alto)

Atzoma

35.5

31.5

67.0

Xocotitla

46.9

13.8

60.7

Eslava

20.8

28.7

49.5

Chichicaspa

16.7

24.6

41.3

Agua Escondida

42.0

10.1

14.3

Chicuatitla

4.8

7.2

12.0


DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

Para generar estrategias que atiendan los efectos de la variabilidad climática sobre los ecosistemas se requiere de una atenta planeación del uso del suelo basada en un enfoque adaptativo a largo plazo. El ordenamiento territorial debe enmarcarse en el mantenimiento de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas, pues son éstos los que dan sustento a las actividades productivas y a la existencia de los seres vivos.

El trabajo permitió reconocer que el enfoque de Áreas Ecológicamente Sensibles (AES) para la ordenación territorial busca romper con la limitante de una visión reduccionista de la planificación. El reto consiste en desarrollar la creatividad del planificador para armonizar las dimensiones ecológica, social, cultural y económica en la arena del ordenamiento del territorio (Lein, 2003).

El diagnóstico desarrollado demostró que los criterios de la escuela austriaca fueron de gran utilidad. El valor de hábitat fue clave para la preservación; la combinación de valor hidrológico y riesgo a la erosión determinó la protección y restauración. Se concluye que las AES son un concepto fácil de incorporar a las políticas de ordenamiento ecológico vigentes en México.

Un beneficio adicional del criterio de riesgo fue la posibilidad de modelar la fragilidad ambiental como el producto de la vulnerabilidad y el peligro potencial ante el crecimiento urbano. Esto permitió jerarquizar las subcuencas en términos de criticidad, facilitando a los tomadores de decisiones la priorización de recursos. Las subcuencas Eslava, Chichicaspa y Atzoma presentan el mayor riesgo ante la urbanización potencial.

Finalmente, el camino para mejorar la resiliencia de la cuenca del Río Eslava no termina con el ordenamiento. Es necesario continuar con un plan de manejo operativo y el diseño de indicadores que permitan monitorear el estado de la cuenca ante la puesta en práctica de dicho plan.

AGRADECIMIENTOS

Las autoras expresan su gratitud a los revisores por sus útiles comentarios.