Fisura Labiopalatina y Motricidad Orofacial: Intervención Fonoaudiológica Integral

Clase 9: Fisura labiopalatina


– Es una malformación congénita por falla en la fusión embrionaria del labio superior y/o paladar.

– Afecta alimentación, audición, respiración, voz, habla y también el plano emocional-social.

– Etiología multifactorial: componente genético y ambiental.

– Factores ambientales mencionados: retinoides, antiinflamatorios, corticoides, relajantes musculares, tabaco y alcohol.

– El periodo crítico de desarrollo va entre la 4.ª y la 12.ª semana de gestación, con mayor riesgo alrededor de la 6.ª.

– Se comprometen estructuras como labio superior, premaxilar, paladar duro y piso de fosas nasales.

– Se diferencia paladar primario y secundario.

– La clasificación de Gantz organiza por regíón anatómica comprometida.

– Kernahan es la más usada por su facilidad y clasifica según estructuras afectadas.

– La fisura submucosa puede pasar desapercibida, pero causar rinofonía, reflujo nasal y alteraciones del habla.

– En alimentación hay succión débil, falta de presión intraoral, regurgitación nasal y fatiga.

– También puede haber problemas maternos: congestión mamaria, lesiones del pezón y mastitis.

– En masticación aparecen maloclusión y malposiciones dentarias.

– Hay alteraciones otológicas por disfunción de la trompa de Eustaquio, infecciones recurrentes y hipoacusia conductiva.

– En voz puede haber disfonía e hiperfunción vocal por compensación.

– En habla se altera lengua, propiocepción y esquema linguobucal.

– El mecanismo velofaríngeo separa cavidad oral y nasal durante la fonación.


– Si falla, aparecen emisión nasal, hipernasalidad, consonantes débiles y articulaciones compensatorias.
– Las compensaciones más típicas son golpe glótico, fricativa faríngea y oclusiva faríngea.

– La evaluación del EVF puede apoyarse en nasofibroscopía, videofluoroscopía, rinometría acústica y evaluación aerodinámica.

– El abordaje quirúrgico exige peso adecuado, buen estado nutricional y ausencia de descompensación médica.

– El manejo es multidisciplinario.


Clase 10: GES y rol fonoaudiológico


– La guía GES aborda prevención, diagnóstico prenatal y al nacimiento, tratamiento, seguimiento y rehabilitación de niños y adolescentes con fisura.

– Está dirigida a todos los profesionales del equipo y exige experiencia en el manejo.

– Se recomienda tratamiento fonoaudiológico en todos los niños con fisura.

– La evaluación fonoaudiológica debe ir antes de la instrumental.

– El seguimiento debe considerar sistema estomatognático, hábitos orales, desarrollo fonológico y articulación.

– El fonoaudiólogo participa desde el nacimiento en alimentación y estimulación temprana.

– Evalúa habla, lenguaje, voz y función velofaríngea.

– Puede detectar fisuras submucosas no diagnosticadas durante el seguimiento.

– El trabajo es interdisciplinario con ORL, cirugía, psicología, odontología, entre otros.

– El alta fonoaudiológica ocurre cuando hay habla y lenguaje funcional, mecanismo velofaríngeo competente y no se requieren más intervenciones.

– Estrategias de intervención:
Terapia temprana, fonemas individuales, corrección de errores compensatorios, modelado auditivo, biofeedback, sonidos facilitadores, terapias funcionales, participación familiar y grupos.

– Instrumentos: espejo de Glatzel, smartphone grabadora, listas de control, pruebas estandarizadas de habla y escalas Likert de hipernasalidad.

– No se recomiendan ejercicios de soplo como fortalecimiento velar ni masajes velofaríngeos aislados.

– La terapia miofuncional puede ser prequirúrgica, postquirúrgica o de seguimiento.

– Sus objetivos: mejorar respiración nasal, optimizar deglución, facilitar habla y prevenir/corregir maloclusiones.


Clase 11: Examen miofuncional orofacial


– La evaluación del sistema estomatognático busca detectar alteraciones estructurales y funcionales que afectan respiración, succión, masticación, deglución y habla.

– Debe hacerse con base ética, técnica y científica, contextualizada al usuario.

– La entrevista inicial es fundamental.

– Debe incluir motivo de consulta, antecedentes médicos y familiares, hábitos orales, hábitos alimentarios, desarrollo neuromotor-sensorial-emocional-social y derivaciones previas.

– La evaluación clínica se divide en estructural y funcional.

– La estructural incluye examen extraoral e intraoral.

– La funcional revisa funciones orofaciales.

– Como apoyo se usan espejo de Glatzel, palpación muscular, foto, video e instrumentos estandarizados.

– Protocolos vistos: MBGR, PIAHO y PEMO.

– MBGR evalúa postura corporal, índice facial, lateralidad mandibular, proporción facial, oclusión, lengua, mejillas, paladar, dientes, mandíbula, labios, dolor, tonicidad, respiración, masticación y deglución.

– El índice facial se calcula como altura facial/ancho facial x 100.

– Mayor de 90: dolicofacial.

– Entre 85 y 89: mesofacial.

– Menor de 84: braquifacial.

– PIAHO se enfoca en malos hábitos orales, ejecución práxica y articulación.

– PEMO recoge información sobre sueño, salud respiratoria, bruxismo, terapias previas, mecanismo velofaríngeo y sensibilidad.

– La evaluación debe permitir decidir necesidad de intervención, definir objetivos, planificar tratamiento y establecer reevaluación.


Clase 12: RN, lactantes y frenillo


– La evaluación en recién nacidos y lactantes incluye anamnesis específica, observación general, evaluación morfológica, reflejos orales, funciones orales y evaluación durante la alimentación.

– La anamnesis incluye tipo de parto, Apgar, peso, semanas de gestación, alimentación actual, hábitos orales, hospitalizaciones y desarrollo motor global y oral.

– La observación general revisa postura del cuerpo y cabeza, alerta, reactividad, patrón respiratorio y relación respiración-succión.

– La evaluación morfológica analiza cara, cráneo, nariz, labios, mandíbula, mentón, lengua, paladar, encías y frenillos.

– Se revisan reflejos de búsqueda, succión, deglución, mordida y nauseoso.

– En funciones orales se observa succión nutritiva, succión no nutritiva, deglución, respiración y vocalización.

– En alimentación se analiza eficiencia, seguridad, fatiga, tos, cianosis, escape de leche y regurgitación.

– El frenillo lingual une la lengua al piso de la boca.

– Si está alterado, puede producir anquiloglosia y afectar lactancia, deglución, masticación y articulación.

– Se evalúa posición de la lengua, forma de la punta, visibilidad, espesor e inserción del frenillo.

– Funcionalmente se observa protrusión lingual, coordinación, ritmo de succión y signos como mordida del pezón o chasquidos.

– Hallazgos: frenillo normal, anteriorizado, corto y corto-anteriorizado.

– El test de la lengüita es el más efectivo.

– El protocolo de Martinelli es el más completo y validado.

 – Siempre debe acompañarse de un informe fonoaudiológico detallado.

– En triaje neonatal se hace solo evaluación anatomofuncional en las primeras 48 horas.


– El re-test completo se aplica después de 30 días, con el bebé despierto y con hambre.

– Si el puntaje total alcanza 13 o más con historia clínica y examen completo, o 9 o más solo con examen clínico, se considera interferencia y se deriva.

– La intervención terapéÚtica debe ser contextualizada según edad y diagnóstico.

– Se prioriza funcionalidad sobre estética.

– La terapia se apoya en neuroplasticidad, especificidad, sobrecarga progresiva, reversibilidad e individualización.

– La planificación suele considerar frecuencia de 2 a 3 veces por semana al inicio, sesiones de 30 a 45 minutos y reevaluación cada 4 a 6 semanas.

– Los recursos terapéuticos pueden ser manuales, resistivos/propioceptivos, visuales/auditivos, tecnológicos y lúdicos.

– Los objetivos pueden ser generales, específicos y operacionales, con enfoque SMART.