Sociología de la Desviación y el Control Social: Perspectivas y Teorías Contemporáneas
Los Imaginarios Sociales según Pintos
Según Pintos, los imaginarios sociales son esquemas (ideas o conceptos) construidos socialmente que orientan nuestra percepción. No son determinantes ni causantes, sino que llevan a que el observador perciba determinados hechos (relevancia) y no otros (opacidad), enfocando nuestra mirada. Estos esquemas permiten nuestra explicación de una realidad plausible, abierta a elección y cambio, y hacen posible nuestra intervención, logrando que los diferentes sistemas sociales sean entendidos como realidad.
El Metacódigo Relevancia/Opacidad
Este es el código binario que decide qué existe socialmente y qué no:
- Relevancia: Es aquello que el sistema selecciona y pone en el centro de la atención pública (por ejemplo, campañas de la DGT sobre accidentes de tráfico).
- Opacidad: Es aquello que el sistema deja en la sombra, de lo que no se habla, convirtiéndose en tabú o ignorándose (por ejemplo, el suicidio).
Para que algo sea relevante, otra cosa tiene que ser opaca; el problema radica en quién decide qué se oculta. Una vez que el sistema decide qué es relevante, utiliza dos dimensiones para colocarlo en la sociedad:
- El Espacio: Se refiere a territorios simbólicos, trazando fronteras que definen el nosotros (normales) frente a ellos (desviados).
- El Tiempo: Se refiere a cómo manejamos el pasado (memoria) y el futuro (expectativa) para dar sentido al presente. Controlar el tiempo de una persona es controlar su alma.
Características de los Imaginarios Sociales
- Totalizadores: Tienden a producir visiones del mundo de carácter global y holístico.
- Policontextualidad: No son coherentes entre sí; debido a la complejidad social, pueden existir contradicciones entre diferentes imaginarios.
- Diferenciación: Funcionan generando distinciones, enviando significados a la esfera de lo opaco o lo relevante.
- Observación de segundo orden: Solo se detectan estudiando cómo se observa la realidad.
Existen conceptos cercanos como las Representaciones Sociales (procesos mentales que transforman objetos en categorías simbólicas) y la imaginación (actividad mental expresada en imágenes).
Sociología Criminal y la Teoría del Etiquetamiento
Para comprender sociológicamente la criminalidad, es necesario abandonar las visiones que buscan la causa del delito en la biología o la psicología individual. Desde la sociología criminal contemporánea y el enfoque del Etiquetamiento (Labeling Theory), la desviación social no se define por la cualidad intrínseca del acto, sino por la reacción de la sociedad.
Como establece Howard Becker en Outsiders: «El desviado es aquel a quien la etiqueta le ha sido aplicada con éxito; el comportamiento desviado es el comportamiento que la gente etiqueta como tal». Por tanto, la desviación es una construcción social derivada de las reglas impuestas por los empresarios morales.
Edwin Lemert: Desviación Primaria y Secundaria
- Desviación Primaria: Incumplimiento de una norma de carácter ocasional o poco visible. El individuo no se percibe como delincuente ni cambia su autoconcepto.
- Desviación Secundaria: Surge como respuesta a la estigmatización y reacción social. El sujeto asume el rol de desviado, reorganizando su vida en función de esa etiqueta, lo que consolida la carrera delictiva.
El Caso de Stanley: ‘The Jack-Roller’
El estudio de Clifford R. Shaw, The Jack-Roller (1930), es un ejemplo paradigmático. La conducta de Stanley no se explica por patologías, sino por la Desorganización Social de su entorno en la Zona de Transición de Chicago. En este contexto, la delincuencia era una tradición cultural adaptativa para sobrevivir.
Proceso de Desviación en Stanley
- Fase Primaria: Escaparse de casa como respuesta racional a un entorno insoportable.
- Reacción Institucional: Al ser detenido, el sistema le aplicó la etiqueta de «delincuente», convirtiendo los correccionales en «escuelas del crimen».
- Consolidación Secundaria: Al ser rechazado por la sociedad convencional, Stanley abrazó su identidad desviada y buscó reconocimiento en grupos criminales.
Émile Durkheim: La Normalidad del Crimen
Durkheim rompe con el positivismo biológico de Lombroso y la estadística de Quetelet. Para él, el crimen es un hecho social con tres características fundamentales:
- Es NORMAL: Aparece en todas las sociedades; no existe una sociedad «santa».
- Es NECESARIO: Al castigar al desviado, la sociedad reafirma sus valores y refuerza la cohesión social.
- Es ÚTIL: Puede ser un motor de cambio social (como el caso de Sócrates), anticipando la moral futura.
Sin embargo, advierte sobre la Anomia: un estado de desorientación donde la falta de normas claras genera un aumento patológico de la criminalidad.
Erving Goffman y el Estigma
El estigma es un atributo profundamente desacreditador que reduce a la persona a alguien «manchado». Goffman distingue dos situaciones:
- El Desacreditado: Su estigma es visible (discapacidad, etnia). Su reto es gestionar la tensión en la interacción.
- El Desacreditable: Su estigma no es visible (antecedentes ocultos). Vive con miedo al descubrimiento y utiliza técnicas de encubrimiento.
Pescosolido añade que la estigmatización requiere distinguir diferencias, asociarlas a estereotipos negativos y generar una separación de estatus (nosotros-ellos).
Diferencia entre Desviación y Delito
- Desviación Social: No conformidad con normas aceptadas por la comunidad (ej. vestir de forma excéntrica). Se controla mediante el control social informal (cotilleo, rechazo).
- Delito: Conducta que rompe una norma codificada legalmente. Implica una pena formal administrada por el control social formal (policía, jueces).
La Escuela de Chicago y la Ecología Humana
Liderada por Robert E. Park y Ernest Burgess, comparó la ciudad con un ecosistema. El modelo de zonas concéntricas situó el crimen en la Zona II (Transición). Shaw y McKay demostraron que el crimen permanecía en esa zona independientemente de los grupos étnicos que la habitaran, debido a la transmisión cultural y la falta de control social informal.
El Poder Psiquiátrico y el Experimento de Rosenhan
Michel Foucault argumenta que la psiquiatría opera mediante una red de poder. El experimento de David Rosenhan (1973), «Estar cuerdo en lugares de locos», demostró la fragilidad del diagnóstico clínico. Personas sanas fueron diagnosticadas con esquizofrenia, evidenciando el Error Tipo 2 (falso positivo). Allen Frances critica hoy la inflación diagnóstica en el DSM-5, que convierte experiencias normales en patologías.
Talcott Parsons y el Rol de Enfermo
Parsons teoriza que la enfermedad es una forma de desviación. El Rol de Enfermo conlleva:
- Derechos: Exención de responsabilidades y no culpabilidad.
- Deberes: Obligación de querer curarse y cooperar con expertos médicos.
La Medicalización del Crimen
Peter Conrad define la medicalización como el paso «de la maldad a la enfermedad». Problemas sociales se transforman en diagnósticos individuales, lo que genera individualización (la culpa es del cerebro, no de la sociedad) y descontextualización.
Michel Foucault: Vigilar y Castigar
Foucault analiza el paso del suplicio físico a la disciplina. El objetivo ya no es el cuerpo, sino el alma. La arquitectura del Panóptico de Bentham ejemplifica este poder: el preso, al sentirse observado constantemente sin saber cuándo, se convierte en su propio carcelero. Foucault sostiene que la cárcel no reeduca, sino que fabrica delincuentes y organiza la delincuencia.
Loïc Wacquant: Las Cárceles de la Miseria
Wacquant describe el paso del Estado Social al Estado Penal. La cárcel ya no busca rehabilitar, sino neutralizar y almacenar a la underclass (pobres e inmigrantes). Esto se apoya en políticas de Tolerancia Cero y en la creación de pánicos morales.
Philip Zimbardo: El Experimento de la Prisión de Stanford
Zimbardo demostró el poder de la atribución situacional frente a la disposicional. Estudiantes sanos se convirtieron en guardias sádicos o presos sumisos debido a las marcas de contexto y la desindividualización. Su conclusión: no son «manzanas podridas», sino un «barril podrido» (la institución) lo que corrompe al ser humano.